miércoles, 1 de abril de 2015
Don Emilio
Esta semana soy un poco Heidi, estoy en el campo cuidando de mi abuelo Emilio. Ha estado malito el pobre, pero ya está mucho mejor. Me siento como una madre soltera, que intenta educar a un adolescente de 87 años. Emilio fuma a escondidas, desaparece durante horas sin decir a donde va, se pasa la noche despierto y el día bostezando, no se pierde "Mujeres y hombres y viceversa" y utiliza sin pudor el chantaje emocional, para que no me chive de sus andanzas. Desde pequeña tengo absoluta devoción por mi abuelo, siempre me ha parecido un tío sensacional. A èl le debo mi fascinación por la naturaleza, mi amor por los animales y mi animadversión por Aznar. Es una cabeza de familia singular, independiente, discreto, educadísimo y nada autoritario. Emilio es un espíritu libre, un hippie con boina, es cero machista, nunca habla mal de nadie y se iré como un niño viendo en la tele a un panda bebé. Una de las cosas que más me gustan de mi abuelo es su forma de vestir, mezcla chalecos de punto con camisas de leñador, gorras grises, vaqueros lavados a la piedra y nunca se separa de su bastón. Como es muy friolero lleva mil capas, mil bolsillos por los que esconde sus cigarros de Ducados. Su cardiólogo le prohibió fumar a mediados de los 80, pero todos sabemos que la medicina tiene sus lagunas.
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Jajaja... Bien dicho
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