martes, 21 de abril de 2015
Intolerancia
Mi colega Puchu tiene alergia a los perros, mi perro Leo al pollo, los "pollos" creo que a la Guardia Civil y así sucesivamente. El mundo está conectado por una cadena de intolerancias. Todos y cada uno de nosotros conocemos al menos un elemento que produce en nuestro organismo reacciones adversas. Es ese mosquito que merodea en tu habitación por la noche, ese jefecillo de planta que mira el reloj cuando llegas a trabajar, ese exnovio con 12000 followers, esa suegra que huele raro, esa vecina multiorgásmica que te despierta, ese colega que se tiró a tu hermana, esa cajera del súper que te llama cariño, ese cura que te mira con ojos golosones, esa peluquera que te dice "tranqui el pelo crece". Son infinitos los ejemplos, infinitas las opciones.
Propongo habitar otros planetas, otras galaxias, escapar de las cosas o de personas que no nos gustan, que nos hacen daño. Enfrentarse al miedo sólo le funcionó a ese niño tan rarito del Sexto Sentido, que probablemente estará hasta el gorro de que los muertos le cuenten sus penas. Huid de lo malo, la vida es demasiado corta.
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